¿Es importante la edad de un whisky?

Juzgar a un whisky por la edad es ver una parte del todo. Los años nos indica el tiempo transcurrido en la barrica antes de ser embotellado, pero no nos habla de la calidad del destilado ni de sus características individuales. Solo nos deja una cifra que tampoco revela nada sobre la calidad de la madera donde reposo el líquido todo ese tiempo

El tiempo no es un juez de la calidad, es solo un escultor de perfiles que pueden o no cautivar al consumidor. La barrica puede aportar mucho al whisky a medida que madura. Hay quienes hablan de más de la mitad de los aromas y sabores. Sin embargo, puede haber un punto de no retorno y convertirse en la carcelera, devorando personalidad hasta dejarlo solo con un rastro unidimensional de taninos que terminan quitándole el carácter de la destilería.

La calidad no es una cifra sino un equilibrio de fuerzas. Un whisky de 18 años no es mejor que uno de 10, simplemente cuenta una historia diferente. Uno puede ser vibrante, tener cierto nervio vivaz, ser cítrico, con una leve frescura herbal. En cambio, el más longevo quizá tenga los aromas de una biblioteca en penumbra donde el cedro y el cuero juegan una danza cautivante.

Preparando la madera para un largo letargo del whisky

La edad es solo un marco, el whisky es el cuadro, no busquemos solo años…, busquemos la emoción que se encuentra en cada botella. A veces la perfección esta oculta entre esa misteriosa combinación de juventud y madurez. Razón por la cual vamos a encontrar muchos Blended que mezclan whiskys jóvenes con whiskys maduros. La experiencia completa está en lograr que al tiempo lo podamos descubrir en cada sorbo y meditar sobre la secreta y compleja simplicidad que hay en cada whisky, en cada destilería, en cada ejemplar.  Recordemos que se trata de agua, cereales, levaduras y esa cuarta dimensión llamada tiempo en barrica, que va moldeando lo que serviremos en nuestra copa, algún día.

En Escocia dicen que un whisky de 10 años ya está pronto para disfrutar, con 12 es maduro, con 15 elegante, con 18 sublime y, con 21 arrogante. En definitiva, todo se reduce a: sabor y ocasión.

El tamaño no importa, si la madera y el tiempo

Si es primavera o verano y deseamos disfrutar de un whisky vayamos por un Blended frutal y vibrante y acompañarlo con un hielo está bien. Si necesitas templar tu alma en una tarde o noche fría y húmeda de otoño o invierno, es preferible ir por una malta. Podremos elegir entre las ahumadas o con notas marcadas de jerez y especias o un whisky maduro que tenga un largo y reconfortante final. Una vez más, todo dependerá de la ocasión.